Educar desde el vínculo: Una invitación a poner el bienestar socioemocional en el centro del aprendizaje [1]
Después de más de una década ejerciendo la docencia en distintos niveles educativos, desde la educación parvularia hasta la enseñanza media, y habiendo acompañado durante años a cursos como profesora jefe en la etapa de la preadolescencia y adolescencia, he llegado a una convicción profunda, ningún aprendizaje significativo ocurre si antes no existe un vínculo significativo.
Durante mucho tiempo entendimos que el rol del docente era transmitir contenidos. Sin embargo, hoy la evidencia y la experiencia nos muestran que educar implica mucho más. Como señala el pedagogo brasileño Paulo Freire, "Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su producción o construcción". Esas posibilidades nacen en un ambiente donde el estudiante se siente seguro, escuchado y valorado.
Cada mañana recibo a mis estudiantes con un saludo energético, puede parecer un gesto simple, pero decir "Me alegra que hayas venido" o "Qué bien te ves hoy" comunica algo mucho más profundo, tu presencia importa.
En los cursos de prebásica y primer ciclo acompaño ese saludo con un gesto afectuoso y respetuoso cuando el contexto lo permite. La neurociencia ha demostrado que las relaciones positivas reducen el estrés y favorecen la disposición para aprender. El investigador Bruce Perry sostiene que antes de razonar debemos conectar emocionalmente, porque un cerebro en calma aprende mejor que un cerebro amenazado.
A los docentes que recién comienzan les diría que nunca subestimen el poder de una palabra amable. Muchas veces ese comentario positivo puede convertirse en el único reconocimiento que un niño recibe durante todo el día. Otra práctica que recomiendo profundamente es enseñar a los estudiantes a identificar sus emociones. En primer ciclo destinamos tiempo a ponerles nombre, alegría, miedo, frustración, orgullo o tristeza. Como plantea Daniel Goleman, la inteligencia emocional comienza por el autoconocimiento, ya que solo quien reconoce lo que siente puede aprender a regularlo.
Con estudiantes neurodivergentes he aprendido que pedir calma rara vez funciona. En cambio, respirar junto a ellos, disminuir los estímulos y ofrecer contención suele ser mucho más efectivo. No se trata de controlar la conducta, sino de acompañar el proceso de autorregulación.
Uno de los espacios más valiosos de mis clases ocurre cuando el contenido ya terminó, reservo cinco minutos para conversar libremente con mis estudiantes, hablamos de sus intereses, preocupaciones o sueños. Son minutos que muchos podrían considerar como tiempo perdido, pero que en realidad, fortalecen la confianza y el sentido de pertenencia.
La investigadora Rita Pierson, en una de las conferencias educativas más vistas del mundo, afirmó que "Todo niño necesita un campeón, un adulto que nunca se rinda con él". Esa frase ha guiado gran parte de mi práctica docente y de mi labor como Profesora Jefe y pese a que muchas veces agota emocionalmente al compartir esa carga de soledad, dolor o vacío de un niño, niña o adolescente, es increíblemente necesario ya que puede ser un salvavidas que nadie más brinda.
También procuro reconocer siempre el esfuerzo antes que el resultado, ya que cuando felicitamos únicamente las buenas notas, enseñamos que el valor está en el rendimiento. Cuando reconocemos la perseverancia, enseñamos que el crecimiento depende del compromiso.
La psicóloga Carol Dweck, creadora de la teoría de la mentalidad de crecimiento, demuestra que los estudiantes que comprenden que la inteligencia puede desarrollarse, enfrentan los desafíos con mayor perseverancia y resiliencia. Y la resiliencia es para mí uno de los valores más importantes a desarrollar dentro de la vida de un ser humano.
En los más pequeños incorporo el dibujo como forma de expresión emocional, así como la comodidad dentro del aula, inclusive cuando ello significa liberarse del calzado dentro del aula. Muchas veces un niño puede dibujar aquello que todavía no logra verbalizar o relajarse para concentrarse, por lo que escuchar esas necesidades, también implica aprender a leer esos lenguajes no verbales.
La música es otra herramienta cotidiana en mi práctica, en prebásica, primer y segundo ciclo acompaña momentos de concentración, relajación y transición entre actividades. Un ambiente emocionalmente regulado favorece la atención y disminuye los niveles de ansiedad.
Con mis estudiantes mayores conversamos sobre hábitos de sueño, autocuidado y bienestar. Les recuerdo que descansar también es parte del aprendizaje, así como la disciplina, ya que un cerebro agotado difícilmente puede sostener procesos cognitivos complejos.
El humor respetuoso ocupa igualmente un lugar importante, generar risas mientras aprendemos juntos, humaniza la sala de clases, fortalece los vínculos y disminuye la distancia entre docentes y estudiantes sin perder la autoridad pedagógica. Intento además escuchar sin interrumpir, ya que en una sociedad donde todos quieren responder rápidamente, detenerse a escuchar es una poderosa forma de reconocer la dignidad del otro.
En mi aula el error nunca es castigado, al revés, lo analizamos, lo comprendemos y aprendemos de él, ya que equivocarse forma parte del proceso de aprender y debe dejar de ser una experiencia asociada al miedo. El aprendizaje cooperativo atraviesa gran parte de mi trabajo pedagógico porque enseñar a colaborar es preparar para la vida. Escuchar, negociar, respetar opiniones distintas y construir acuerdos son competencias tan importantes como leer o resolver problemas matemáticos, así como también potencias entre mis estudiantes el aprendizaje entre pares para fortalecer esos aprendizajes socio emocionales como el trabajo colaborativo y la empatía.
Si tuviera que entregar una recomendación a otros docentes después de todos estos años, sería no esperar tener más recursos, más tiempo o el curso perfecto para comenzar a trabajar el bienestar socioemocional. Empiecen con pequeños gestos diarios, porque son esos gestos los que construyen comunidades educativas más humanas. No siempre recordaremos qué contenido enseñamos un Martes cualquiera de abril, pero muchos estudiantes sí recordarán al profesor o profesora que creyó en ellos cuando nadie más lo hacía.
Personalmente, siempre recordaré a esa profesora de Inglés que en vez de ignorarme por un comportamiento "anómalo" que dos décadas más tarde identificaría como Autismo, prefirió regalarme un libro de crucigramas y decirme que creía en mí y que sentía que tenía un gran potencial si me concentraba. Hoy al igual que ella, soy profesora de Inglés y trato de ser esa profesora que me brindó esperanza para más de diez generaciones de estudiantes que han pasado por mi vida.
Ese es el legado que intento construir cada día. No solo formar estudiantes que aprendan contenidos, sino personas que descubran que son valiosas, capaces y dignas de ser escuchadas. Porque estoy convencida de que el aprendizaje comienza mucho antes que la primera explicación del docente, comienza en el instante en que un niño o una niña siente que alguien lo mira, lo reconoce y le hace saber que pertenece.
Y cuando eso ocurre, enseñar deja de ser una tarea para convertirse en un acto profundamente transformador. Finalmente les dejo un documento de "20 recomendaciones para los docentes que decidan educar desde el vínculo".
Archivos adjuntos
| Tipo | Título del archivo | |
|---|---|---|
pdf | 20_recomendaciones_para_los_docentes_que_decidan_educar_desde_el_vinculo.pdf [2] | Descargar [2] |
